sábado, 7 de noviembre de 2009

Lamia

Es lo que tiene estar sola. Pasas mucho, demasiado tiempo pensando.

Todos somos Lamia. Y todos somos Mireille. Yo sin ir más lejos. Y tú.

Aquí estoy bien, pero noto la soledad, a veces, como una carga pesada. Por eso escribo ésto. Porque no tengo a quién hablar. A quién contar. Empezar de nuevo una nueva vida y que esta nueva vida no se pueda compartir.

Por eso leyendo estos papeles inesperados, me sentí más Mireille, y más Lamia, y más Javier que nunca.

..."su doble fiasco habría de asomar en el sueño de Verona ahora que sabía mi interminable inútil esperanza de tí, de mi antagonista semejante, de mi doble cara a cara y boca a boca, del amor que acaso estás dándole a tu presa del momento"...

Durante diez años me he sentido así. Durante ocho años he hecho sentir así. Y a su vez, aquel que me hace sentir así sentirá lo mismo por otro alguien. Y a su vez, aquel al que hago sentir así, hará sentir lo mismo a otro alguien, y a su vez...

Estoy agotada de este juego. Y este juego nos tiene bien engullidos. Dentro de su panza de león dormido. Dando pasos que son sapos, y que suenan como sapos. Un león que hace ruido de sapo.

Agotada de esperar. De hacer esperar.

...Estoy volviendo a mi. Y este yo trae problemas en su espalda. Y esa espalda trae problemas en su espalda. Como el hombre que baila solo.

Lejos de distracciones y de presas del momento me doy cuenta de que siempre seré presa de algo. Y ahí estoy.

Intentando salir del león dormido. Intentando no escuchar el ruido del sapo. Pero es difícil cuando estás sola. Sin distracciones ni presas del momento.

¿En qué quedamos, pues?

1 comentario:

  1. Me pregunto qué pinta tendría un león-sapo, pero no llego. De todas formas, yo que tú, me los comería a los dos, al cuadrúpedo durmiente y al anfibio sonoro. Sin contemplaciones.

    bss

    ResponderEliminar